sábado, 14 de septiembre de 2013

De coquetas conjunciones

Cada vez que la moda, cíclica y caprichosa, impone filiforme apariencia, ella, de natural goloso, reniega de su oronda redondez y vuela al consuelo de su ardiente caballero. Él, enemigo de las dietas, se eclipsa entonces para regalarle un radiante y esbelto círculo con el que estilizar su silueta.

Nocturno 'arpegiado'


Coleccionaba noches de insomnio sólo por el placer de contarlas hasta dormirse.

lunes, 3 de junio de 2013

Zarandajas a contraluz

Zaragatean tus brazos
al claroscuro de una zarabanda
zapatean los corazones
zambra de luz
en el zaino
zarzagán.

domingo, 7 de abril de 2013

Gris atemperado

Poco a poco —prudencia obliga —difuminamos el pueblo hasta su mínima expresión en los mapas, el punto. Pero olvidamos una variable, la moda y por ende el comportamiento humano, maleable in extremis. Y nos invadió el turismo rural con sus pataletas: madrugones, ordeños, siembras, comidas caseras, recolecciones. Hubo que reprogramar el tiempo —sensatez obliga —. Ahora, en vacaciones y fiestas de guardar llueve. Irrevocablemente.

sábado, 9 de febrero de 2013

Compás y contrapunto

Al nacer, Rosaura de tan tenue traslucía , sus diminutos órganos componían partituras de color en la piel mientras el corazón de sus padres —aleteo, arritmia, aleteo— diseñaba emociones encontradas . Tan pronto unas lágrimas de angostura se columpiaban en la sonrisa de Cándido, el flamante padre, como un llanto tácito estallaba en confeti de cosquillas en la conciencia de Bernarda, la recién parida. Los médicos —fonendoscopio, tensiómetro, fonendoscopio— le prescribieron a la niña, de natural volátil, una burbuja de cristal donde crecer . Cándido, al otro lado de la esfera, la acompañaba entre volutas y cuentos; Bernarda, entre telas, le hilvanaba sabores y cavilaciones. Hasta que el alfiler de la pena prendió en la sonrisa de Rosaura. Niña reclusa soñaba con eclosionar, revolotear entre las caricias intactas de Cándido, los inasibles besos de Bernarda, las aromáticas acuarelas del cosmos. Por eso Bernarda —corazón, cabeza, corazón— una templada tarde de trinos olvidó el cierre. Por eso Cándido —cabeza, corazón, cabeza— esa templada tarde transformó una calada de su cigarro en un círculo perfecto que anidó en la cintura de Rosaura y la ayudó a volar.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Geografía de un instante




Primero fue la lavadora —entre vuelta y vuelta, toda trilera ella—, le robó un calcetín y la abuela, ojo por ojo, le cortó el enchufe y la arrinconó en el patio. Escuchad el cromatismo silente de las begonias sobre blanco. Escuchad...
Más tarde llegó la tele, le abdujo al abuelo —su Eusebio, todito él, dominado por los rayos catódicos— y ella, práctica, le seccionó la antena, le bordó un pañito y la vistió de mesita auxiliar. Contemplad el tintineo de la porcelana sobre seda. Contemplad...
Pero el día de su centésimo cumpleaños recibió un iPad regalo del alcalde —don Francisco tan joven, don Francisco tan político—, le desvalijó el entendimiento. La hemos aparcado —toda ella asombrada, la abuela toda ella un "¡sin cable, es demoníaco!"— en una casa de reposo. Palpad la sinfonía del pavor sobre mecedora. ¡Palpad!